Validar a los estudiantes también es parte del currículo (III entrega)

Un elemento muy importante para el ser humano es sentirse validado en las diferentes actividades que realiza. Parte de esta validación son los mensajes que enviamos y recibimos, ya sea verbal o gestualmente.

Como maestros, estos mensajes de validación o invalidación marcan y forman parte de la personalidad de los niños y jóvenes, afectando así la confianza en sí mismo para sus futuras actividades y decisiones, así como las que realizan a diario, determinando su rendimiento escolar de manera positiva o negativa.

Por este mes te ofrecemos un tema fascinante y transcendente: La comunicación y la validación.

Las palabras son la manera más evidente de invalidar; aun así, existen otras manera en las que el mensaje que están recibiendo los niños son negativos y influenciarán en su rendimiento y personalidad.

Una de estas maneras es mediante nuestra actitud, ya que con ella podemos ser CONFIRMADORES o DESCONFIRMADORES.

Es la manera más fuerte de afectar y dañar a un ser humano. Significa hacerle sentir a la persona que no existe. No solo es quitarle valor, sino que no le da valor alguno a su argumento, acciones, palabras o presencia.

Al ignorar lo que dice un niño, o decir “ya, ya”, respuestas que no tienen que ver con lo que nos están diciendo, escuchar a los mismos estudiantes siempre, no creer en que un niño diferente llegue al nivel de otro, etc.

¿Cómo evitamos que esto suceda? No solo debemos poner atención a cualquier aporte de un niño en la clase, sino también tratar de que nuestra retroalimentación sea igual para todos.

Todo lo que sale de la boca de un niño y sus acciones tienen una razón de ser. Debemos darle importancia y valor a sus opiniones y emociones.

Actividad que puedes realizar en la clase: hacer dos grupos de niños, cada grupo debe hacer una pequeña actuación. El primer grupo actuará situaciones y cómo se sienten cuando a uno no le escuchan o le ignoran. El segundo grupo actuará situaciones y cómo se sienten cuando sí les escuchan. Que evalúen todo el entorno, que sientan qué pasa en su cuerpo en ese momento, sus pensamientos, etc.

No te pierdas nuestra última semana: cómo podemos confundir a los niños con nuestros mensajes.

Cortesía: María Julia Dávalos, psicóloga Arteducarte.

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